Aunque sean Lagertha y Pentesilea también deberían dar sus nombres y DNI
Navegar siempre ha sido sinónimo de libertad, pero para el armador profesional, esa libertad termina donde empieza el teclado del ordenador. Existe un viejo concepto teórico en los despachos de las administraciones y de las Armadas denominado el Dominio del Mar. Es ese sueño casi distópico de que el Estado conozca, en tiempo real, qué embarcación está en el agua, por pequeñas que sean, a dónde van y, por supuesto, poderlas dominar.
Aunque parezca una ambición imposible para la inmensidad del océano, el Real Decreto 186/2023 ha dado un paso de gigante para intentar materializarla. Bajo la premisa de la seguridad y el control administrativo, se nos ha impuesto una carga que roza lo kafkiano. Ya no basta con tener el barco en orden, la titulación al día, el contrato firmado... ahora hay que redactar el despacho por gestión diaria para registrar y comunicar a la Capitanía Marítima cada salida y cada llegada, aunque solo sea estimada. Por fortuna vale con un PDF, por ahora; quién sabe si la siguiente vuelta de tuerca sea informar de la talla y color de la ropa interior de cada pasajero.
Imaginemos el escenario: cada mañana, con el ajetreo del muelle, el armador debe generar un PDF, rellenar los datos de salida y llegada, y adjuntar la lista pormenorizada de pasajeros con sus documentos de identidad para llevarlo en el barco ya sea en papel o en algún soporte digital. Multipliquen este proceso por cada barco de una flota, por cada hora o conjunto de horas y por cada día de la temporada estival. El resultado es un derroche ingente de horas en burocracia pura, un lastre que resta tiempo a lo que de verdad importa: el mantenimiento y la navegación.
Someterse a esta vigilancia es hoy una obligación legal. Sin embargo, pretender que un ser humano gestione este flujo de datos de forma manual es condenar el negocio a la ineficiencia y, cuanto más próspero sea el negocio, más condena sufre. Una tarea tan continua, mecánica y repetitiva debe ser resuelta por un proceso automático. En un entorno donde el Gobierno quiere saberlo todo, la única defensa del profesional es dejar que los bits trabajen por él, transformando la imposición legal en un proceso invisible de milisegundos.
Glosario de términos
- Capitanía Marítima: Es el órgano periférico de la Administración Marítima (dependiente de la Dirección General de la Marina Mercante) encargado de ejercer la autoridad en los puertos y aguas territoriales. Es, en esencia, la oficina donde reside el poder administrativo que vigila el cumplimiento de las normas de navegación y seguridad en cada zona marítima.
- Real Decreto: Es una norma con rango de ley que emana directamente del Poder Ejecutivo (el Gobierno) en lugar del Poder Legislativo. A diferencia de una Ley Ordinaria, el Real Decreto no nace de un debate y votación en Las Cortes (Congreso y Senado), sino que es aprobado en Consejo de Ministros, lo que permite al Gobierno legislar de forma mucho más rápida y directa sobre cuestiones técnicas o administrativas.
- Despacho del Buque: Es el procedimiento administrativo obligatorio mediante el cual la autoridad marítima comprueba que una embarcación cumple con todos los requisitos legales, técnicos y de personal para hacerse a la mar. El reciente paso al "despacho por gestión diaria" es lo que obliga al armador a ese envío constante de datos por cada salida realizada.
